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La fotografía nos permite volver con absoluta claridad e intensidad a un instante pasado. Nos acompaña en el día a día, nos ayudan a expresarnos, a decidir, habla de nosotras, nos emocionan. Vemos el mundo exterior a través de fotografías, y las fotografías son espejo de nuestro mundo interior.

La fotografía inmortaliza cada pequeño detalle, nos permite recordar con exactitud un momento pasado, pero también las emociones que envolvieron ese instante, a la persona que eras entonces, la vida que te abrazaba.

Ese es  precisamente mi trabajo. Detener el tiempo en el aquí y el ahora para que tengas un recuerdo bonito de este momento de tu vida, para que puedas enseñar al mundo tu proyecto o para que descubras tu mundo interior.

Mirar más allá del objetivo de la cámara para captar la esencia y que te veas más allá de tu propia fotografía.

Esta es mi máxima cada vez que me enfrento a una sesión fotográfica. Me resulta muy fácil ponerme en el lugar de los demás, creo que muchas veces lo consigo, o al menos eso es lo que destacan sobre mi servicio mis retratadas.

Soy Eli Pedrosa, vivo en Sant Boi de Llobregat y estoy especializada en fotografía de retratos y terapéutica.

Me gustan las fotografías naturales y espontáneas que son capaces de transmitir con sencillez un instante. Porque cuando una persona se olvida de la cámara y se muestra tal y como es, sin duda ese brillo especial que cada una de nosotras tenemos se ve reflejado en la fotografía.

Creo que es por eso que disfruto tanto haciendo retratos.

Me gusta conocer un poquito sobre la historia de cada una de mis clientas y tener la oportunidad de conectar con ellas para así acompañarlas mejor a lo largo de toda la sesión. Y descubrir así su lado más auténtico.

De bióloga a madre

De pequeña quería ser pintora o bailarina, aunque nunca lo llegué a verbalizar en alto. Cuando tenía unos 10 años mi tío me preguntó qué le podía regalar a mi hermana (6 años más pequeña que yo) por su cumpleaños, y yo le respondí que un caballete y pinturas. ¡Por supuesto que eran para mi!

Es curioso, pero muchos años más tarde, algo muy parecido me sucedió con mi pareja. Le regalé la que sería mi primera cámara réflex.

Ahora, gracias a la perspectiva del tiempo, me doy cuenta de que siempre me ha costado mucho darme la oportunidad de hacer lo que en realidad quería.

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Creo que se trataba de una cuestión de confianza en mí misma más que otra cosa.

Y así, terminé estudiando una carrera de ciencias. Se me daban bien las mates y me gustaba mucho la naturaleza. Fui buena estudiante y durante más de 10 años desarrollé mi carrera profesional como bióloga investigadora.

La creatividad siempre ha formado parte de mi vida de una u otra manera

Incluso como investigadora. La fase previa de diseño de un experimento es muy creativa y es el área de mi trabajo que más disfrutaba. Por aquellos años me apunté a clases de pintura y muy pronto me pasé al óleo y a pintar principalmente retratos femeninos.

Y entonces llegó la maternidad para poner patas arriba mi ordenado mundo donde ciencia y arte ocupaban mis intereses. Ese mudo en el que pasé de niña estudiosa a profesional abnegada no era justo ni igualitario,  y la maternidad destapó el pastel. La maternidad para mi fue una migración, abandonar mi yo mujer para convertirme en mi yo madre. Me abandoné al poder hormonal, animal y al lugar que los estereotipos de género habían diseñado para mi. Estaba enfadada con el mundo, me sentía estafada y estaba totalmente perdida, el feminismo  me mostró  que existía la corresponsabilidad, los suelos pegajosos y los techos de cristal, me mostró la transversalidad que nos atraviesa a las mujeres, la desigualdad en todas las etapas de nuestra vida por haber nacido con sexo femenino. El feminismo me.

La maternidad dió un vuelco a mi vida, a mi independencia y a mi gestión del tiempo, pero también trajo el feminismo a mi vida, que me enseñó donde estaba y a donde podía llegar, me mostró el empuje de la sororidad y el gran poder femenino.

Cuando nacieron mis hijos no encontré el tiempo ni el espacio para seguir pintando. Hacía ya unos años que la fotografía había llamado mi atención y volvía de mis viajes con una importante colección de paisajes.

Así que tras volver al mundo de la investigación y no encontrar una manera para mi sostenible entre mi vida laboral y personal  cambié los pinceles por los pixeles y empecé a captar los retratos de mi familia y las familias de mis amigas. Fueron años de descubrimiento, de hacer muchos cursos de fotografía pero también de feminismo, de perfeccionar mi técnica, mi mirada fotográfica y ponerme las famosas gafas lilas.

DE MADRE A FOTÓGRAFA FEMINISTA

Durante unos años compaginé mi proyecto de fotografía con otros  trabajos por cuenta ajena relacionados con el acompañamiento de jóvenes en su formación así como en el descubrimiento de sus intereses y habilidades.

El trabajo en equipo con adolescentes y jóvenes me enriqueció en lo profesional y en lo personal, y me ayudó  a recordar lo mucho que me gusta trabajar con y para las personas, sobre todo a escucharlas y acompañarlas en su proceso vital.

Decidí dedicarme de forma exclusiva a la fotografía en 2019, aún sabiendo que me faltaba una pieza, un elemento que era la clave pero que yo desconocía, me dejé llevar por mi intuición y en plena pandemia llegó a mi.

La pandemia me trajo la posibilidad de ampliar mi formación y encontré la esencia que me intuía, el valor de la fotografía que yo experimentaba y para el que no tenía nombre, la terapéutica de la fotografía.

Durante el 2020 me especialicé en Fotografía Terapéutica en Instituto 8 y hoy casi dos años después puedo decir que mi mochila ha tomado sentido después de esta formación y he encontrado mi propósito de vida.

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