La invisibilidad de lo esencial

Hay veces que se empieza por el final, que lo no planeado resulta ser el mejor plan. A mí me sucede mucho, y descubro cosas importantes dejándome llevar, aceptando la perfección del caos, de la vida. Como este post que no tenía intención de escribir y que ha surgido al leer un comentario de una foto que publiqué ayer en mi instagram, y también porque no admitirlo, después de necesitar el abrazo de alguien y no tenerlo…..

Me he levantado dispuesta a afrontar mi día de trabajo, editar unas fotos, escribir para la redes ….pero antes he pasado por casa de mis padres para saludarlos y he acabado contándoles mis disgustos amorosos. Cuarenta y dos años, y siguen al pie del cañón para escucharme, darme ánimos y ayudarme a volver a ver las cosas con más nitidez.

Este sostén que siento es el mismo que intento darles a mis hijos y es el mismo que veo en vosotras cuando compartimos una sesión en familia. Los abrazos, el aliento, el sostén no tienen precio, son invisibles en esta sociedad de consumo, donde la crianza de los hijos e hijas parece que se hace por generación espontánea, pero todos y todas hemos necesitado de ello para convertirnos en las personas que somos.

No es sencillo, ni una se levanta un día sin más y es capaz de verlo. Hay que tener a la intuición de guía, lo ojos conectados y ser muy honesta con una misma. Porque lo esencial es invisible pero existe, es el motor para seguir, es la ilusión que nutre al alma. Os invito a que penséis que es lo que os da energía a vosotras, que es lo os sostiene cuando una se siente agotada, quien es vuestro refugio.

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