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El segundo bebé

Cuando vuelves a experimentar la maternidad lo haces de una manera más consciente, aunque las fases por las que pasas no sean novedad el proceso continua siendo mágico al compartirlo con el hemano/a mayor.

Volver a tener un bebé en brazos te transportarte a ese viaje hormonal y a volverte a enamorar perdidamente. El amor no se reparte se expande a la misma velocidad en la pasan las horas y los días.

Ver al hermano mayor coger al pequeño con sumo cuidado, las caricias que le dedica y esas caritas juntas es uno de esos momento entrañables que quedan guardados en el corazón y que irán construyendo momentos juntos que sin duda para una madre suelen ser los momentos de mayor orgullo y emoción.

En todas las sesiones de bebé me pasa, la magia de la vida me atrapa, y vuelo a preguntarme como es posible que un ser tan pequeño e indefenso pueda convertirse en el poderoso niño/a que llevaremos siempre con nosotros/as.

El instinto de la vida es poderoso, desde el momento en que conocemos el mundo exterior, el mundo fuera de nuestra madre ya sabemos que lo más valioso es la vida y nos aferramos y la reclamamos con el llanto para que nos protejan y nos den el calor necesario hasta convertirnos en una persona interdependiente para estar vinculados siempre a nuestro origen.

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